jueves, 4 de octubre de 2007

LA DOMINACIÓN CULTURAL.

Los medios de comunicación tradicionales preparan los contenidos de su programación en función de unas líneas editoriales que, mayormente, suelen ser cautivas de una determinada opción ideológica y económica. Sus planteamientos sobre los diversos temas de actualidad se circunscriben a un abanico de posibilidades muy limitado.


Son pocos los medios alternativos que ofrecen una visión diferente a la marcada por los grandes “mass media” y, por lo general, su poder de difusión resulta casi inexistente comparado con los flujos de comunicación oficialistas.

La rapidez del titular, el flash informativo, el bombardeo continuo y permanente de un conglomerado de noticias, la ausencia de reflexión y la velocidad de reemplazamiento conforman, sin duda alguna, la virulencia del mundo de la información (quizás debamos decir de la desinformación) que hace al individuo zozobrar, aminorando o perdiendo el sentido crítico necesario para interpretar todo lo que acontece a su alrededor.

Desgraciadamente, la respuesta a esta situación puede llegar a ser el pasotismo y la desidia como refugio a la agresión del sistema. Tal apatía es hábilmente aprovechada por las oligarquías dominantes para seguir con su reinado económico, político y cultural.

En este sentido, creemos conveniente ofrecerles unos pasajes de un interesante articulo sobre el particular como complemento a lo anteriormente expuesto.

Lo firma Luis Alsó y lo titula: “La sociedad paralela.”

Solo reproduciré unos párrafos:

“ El sistema dominante ejerce su dominación, no solo a través del poder político, económico y militar, sino también cultural. En la dialéctica sistema-individuo no es solo el sistema el que condiciona al individuo sino que es éste también el que alimenta y estabiliza a aquel cuando asume sus valores culturales.

Es entonces cuando la cultura de un sistema opresor se consolida como dominante sobre la base de una degradación social que se traduce fundamentalmente, en la perdida de la conciencia, la solidaridad y la rebeldía.

No es ya entonces que el sistema opresor debilite a los pueblos sino que también la debilidad de los pueblos alimenta y consolida al sistema.

Se acaba estableciendo, pues, un círculo vicioso, en el que resulta irrelevante cual ha sido la causa inicial del proceso. En este sentido es, básicamente cierto, que a la larga, los pueblos acaban teniendo los gobiernos que se merecen.

Si la transformación en sentido positivo de un sistema injusto solo puede darse sobre la base de la transformación de propio individuo, se necesita un salto cualitativo de éste, solo puede darse con la lucha, es decir, solo con una praxis de lucha sostenida y sustentada en una conciencia social recuperada, puede el individuo superarse y transformarse a sí mismo.

La lucha por la justicia social no solo transforma los sistemas sino también a los pueblos.
Y es esta transformación la verdadera garantía de una sociedad mejor. Por que la lucha no es solo contra el régimen opresor sino también, y a la vez, contra sí mismo: contra el individualismo, la pasividad o la complicidad, es decir, contra los valores interiorizados por la cultura dominante. El nuevo Estado, pues, no hay tanto que arrebatarlo como merecerlo... ”


Salúos.

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