Aprovechando una breve estancia en la metrópoli, tuve la oportunidad de visitar la Expo de Zaragoza. Feo estaría que, una vez dentro, no me acercase a ver el chiringuito que había montado la administración local canaria y comprobar “in situ” el enfoque que se le había dado al tema central de la Exposición Universal, o sea, el agua.
Debo decir que el pabellón canario fue a uno de los primeros que acudí y me extrañó que fuese de los pocos en los que no había cola. Una vez dentro, entendí el porqué. Cuatro posters, tres monitores diminutos mostrando no sé que historias y una especie de pequeña sala de conferencias que se comía media superficie del local con tres banderas , una mesa y ocho o diez sillas. A la salida, una señorita de rostro huidizo alargaba mecánicamente la mano y te obsequiaba con un bolígrafo del plástico amarillo cantoso provisto de un pequeño depósito para hacer pompas de jabón.
Una vez fuera del pabellón, como canario, sentí que aquella covacha no representaba para nada mi tierra ni el importante vínculo que en estos peñascos tenemos con el agua. Esa sensación de desasosiego se fue clavando en mí a medida que iba visitando el resto de pabellones de las comunidades autónomas y algunos otros países. Lugares con una vinculación menos profunda sobre el agua y con menores recursos paisajísticos, históricos y etnográficos que Canarias supieron sacar provecho mostrando y resaltando su cultura a millones de visitantes potenciales de todo el mundo.
Resulta sumamente evidente que el tema del agua en Canarias no es del agrado de la curia política nacionalista fuertemente entroncada con la jauría de los aguamangantes, personajes éstos desgraciadamente muy abundantes por estos territorios.
¿Qué iban a enseñar en la EXPO?
¿ Qué la propiedad del agua en Canarias está en manos privadas?
¿Qué los propietarios reales del agua coinciden con las capas sociales adineradas poseedoras de las grandes explotaciones agrícolas?
¿Qué el agua constituye uno de los productos más importantes de especulación en el archipiélago canario?
Hagamos una somera inmersión en alguna de las posibles razones que, a nuestro juicio, de forma sibilina, llenaron de desidia al ejecutivo canario.
Para entender la relación entre la politica y el reino especulativo del agua debemos remontarnos algunos años atrás. La ley de Aguas de 1990 supuso un punto de inflexión en el tema de la propiedad del agua en Canarias. En este sentido, encontramos las posturas políticas bien definidas por esas fechas y que, a día de hoy, no han variado un ápice.
Cita:
El Grupo Popular ha propuesto en un comunicado que sea enmendada en el Parlamento nacional la disposición adicional del proyecto de ley de aguas que establece la aplicación en Canarias del principio de dominio público. Desde su punto de vista de defensa de la propiedad privada de los pozos y galerías de las islas, esta consideración supone el desmantelamiento de un sector básico, sin que el Parlamento autónomo haya ejercido su soberanía en la materia.
En el mismo sentido, el CDS, el grupo mixto en la cámara regional y las agrupaciones independientes de Tenerife, La Palma, La Gomera, El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura reclaman que la comunidad autónoma se acoja al derecho estatutario de legislar y regular las aguas en todo el archipiélago.
Estos mismos grupos políticos que se oponían al desarrollo de la Ley de Aguas son los que ahora manejan las riendas del gobierno canario. Sin embargo, la normativa europea en este tema impone varias modificaciones a la ley vigente en este asunto. Para adaptarse a los dictámenes europeos, el Gobierno de Canarias se guía por un plan que, a juzgar por la siguiente tabla, culminará cuando las ranas crien pelo.
Salúos.
miércoles 27 de agosto de 2008
PABELLON CANARIAS EXPO 2008. DE VERGÜENZA AJENA.
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