El circo ha comenzado. El avestruz ha escondido la cabeza bajo el ala, ha puesto cara de niño bueno de los domingos y ha acudido a su ineludible cita con la justicia.
Como medida de seguridad, el juez, dicen que a regañadientes, consintió que el real imputado entrara en los juzgados dentro de un coche. Aireada tal circunstacia en los medios de comunicación, muchos de los posibles manifestantes y abucheadores cesaron en el empeño de acudir a "vitorear" al yernísimo. Oportunidad que, sin duda, no dejó escapar para entrar a pie, con toda tranquilidad, a declarar y permitirse el lujo de soltar, ya de paso, unas migajas a los perdiodistas que cubrían el evento.
Como decía un viejo cantar canario:
"Hay que bien lo hizo,
hay que bien cantó,
"pa" el año que viene,
ya las canto yo.
Y vaya que si cantó. Nada menos que durante nueve horas. Y parece que el juez se ha quedado con las ganas y lo ha citado para que mañana le cante el "Long Play" completo.
Claro que Udargarín sólo ha cantado el estribillo cual simple monaguillo de parroquia de tercera y ha dicho que la culpa de todo la tiene su socio, que él es inocente. Y más inocente aun es su mujer, la de sangre azul, que comparte una enfermerdad visual muy común en algunos personajes públicos de peineta pantojil: Ver, oír y disfrutar sin preguntar.
Veremos si el veredicto de absolución de Camp era sólo un simple ejercicio de las clases de parto sin dolor.
Salúos.
Blasfemias que no importan
Hace 20 horas






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